La paciencia es la reina de las virtudes



Hola amigos y amigas, esta semana os voy a contar que yo me siento más digna cuanto más respeto los derechos de los demás seres vivos que me acompañan en esta aventura que es la vida.

    Si además le unimos que los caballos son seres inteligentes, astutos, que nos resuelven cuestiones de supervivencia, que sufren y disfrutan, más me pongo en el lugar de ellos y sufro con sus penas. Un caballo tiene la capacidad de aprendizaje de un niño de 5 a 10 años, con gran actividad neuronal y nada de malicia. A un niño de esa edad le hablas en seis idiomas y acaba aprendiéndolos todos, aunque no sea conscientemente cruel en ninguno de ellos. Por eso, nos encontramos ante un ser noble, fresco, sin dobleces ni sombras.

    Debemos ser tan pacientes, tan inteligentes, tan amorosos como con un niño, así, conseguiremos entendernos con ellos, sacar lo mejor de ellos. Es necesario formarse, saber cómo hacerlo, poner interés en comprender su psicología, igual que se hace en las Escuelas de Padres. Muchas veces intentamos hacer las cosas sin saber y cometemos errores, cuando estás educando un ser vivo es necesario aprender, por amor a nuestros seres queridos. Los niños, los caballos, las mascotas merecen que nos formemos y conozcamos qué queremos hacer con ellos y cómo hacerlo. Para ser un buen horseman hay que tener mucha paciencia, mucho amor y formación, tener una mente abierta, dispuesta a aprender, sensible para apreciar los signos que nos muestra nuestro equino.

    Nuestros caballos son reflejo de nuestra persona, si encontramos un caballo feliz es que está siendo tratado con dignidad, porque ha descubierto la felicidad en hacer su trabajo bien hecho. ¿Qué cómo lo sabe? Por la conexión con su líder, el caballo es un ser sensible y comprende cuando su compañero o compañera está contento y satisfecho con la labor realizada. Un buen profesional de cualquier ramo está en reciclaje constante, aprendiendo continuamente. Además, que nos dará mucha satisfacción tener un amigo motivado y contento que aprecie nuestra presencia y esté deseoso de ser montado y acariciado por nosotros.
TEXTO: ANA EUGENIA VENEGAS MORENO

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